Aunque no practiquemos la duda metódica que planteó Descartes, seguramente en algún momento de la vida nos asalte una de tipo "existencial". No existe la panacea, sí el refranero, que lleva unos cuantos años en vigencia, y ya se sabe que "más sabe el diablo por viejo que por diablo". De hecho, otra buena forma de resolver una duda de este tipo es pidiéndole consejo a una abuela y se volvería a cumplir el refrán anterior. Parece que todo esto es una pescadilla que se muerde la cola, algo así como cuando Kekulé soñó con formas reptilianas, una agarró su propia cola y toda la estructura se retorció burlonamente, descubriendo de este modo la estructura del Benceno.
Ya que estamos con la química, podríamos entablar un debate sobre la afinidad electrónica de ciertos elementos y el condicionamiento que ésta ejerce sobre la formación de compuestos químicos. Los mismos humanos, un cúmulo de estructuras bioquímicas, también estamos condicionados, de manera no tan obvia a simple vista, por nuestra estructura molecular; somos seres psicosomáticos al fin y al cabo. No obstante, nuestro comportamiento social sí que tiene que ver un tanto con la afinidad, si no electrónica, sí empática, y presentamos tendencia a juntarnos con aquellos que tienen modos parecidos de ver la vida o que dan respuestas similares ante unos mismos estímulos. Más bien sea que la gente se rodea de aquellas personas a las que les mueve el alma principios semejantes. Recurriendo de nuevo al refranero observamos que "Dios los cría y ellos se juntan".
Hace un par de años, quizá más, se publicó la más grande discografía de jazz. Se editó en gruesos tomos y, aprovechando la tecnología, en un DVD. Un compendio de algo más de un millón de grabaciones. En lo que atañe a documentos gráficos las cifras no son tan desorbitantes aunque sean igualmente descomunales. Del puñado de películas que "swingean" al ritmo del chaston y que he visto, algunas me convencen más, otras en absoluto. Por ejemplo, Mo Better Blues de Spike Lee me dejó frío y sin embargo 'Round Midnight de Bertrand Tavernier me resultó simplemente conmovedora. Ese éxodo ficcionado de Dexter Gordon en Copenague se plasma de manera magistral en la película. Poco después vería Bird, de Eastwood, una biografía fácil del gran genio del Bop, Charlie Parker. Digo fácil porque se centra casi exclusivamente en la deblacle del músico ocasionada por el consumo de drogas, dejando bastante de lado su dimensión artístico-musical. Una especie de Diario de Patricia mejor hecho, pero poco más. Hay una que aún no he visto, ni lo haré, y eso que me gusta Louis Malle a rabiar, Ascenseur pour l'échafaud. No la veré porque leí en una biografía sobre Miles Davis cómo el director le dejó encerrado viendo diferentes escenas mientras el trompetista improvisaba la música que serviría de banda sonora a la película. Es un disco éste que he oído tantas veces, que me ha inspirado tantas imágenes, que ya me he montado yo mi propia película en la cabeza y si veo la original contaminaré unas imágenes con otras. De algo estoy seguro, aun no habiendo visto la película, y es que la música de Miles encaja a la perfección con las imágenes de Malle y viceversa. Ya saben, "dios los cría y ellos se juntan".

¿Y por qué trío de ases?. Nada, otra ejemplificación aclaratoria del refrán protagonista de esta entrada. El as de picas: la novela de Burroughs, Naked Lunch. El as de diamantes: David Cronenberg, director de la película homónima. El as de tréboles: Ornette Coleman, creador de la banda sonora junto a Howard Shore. Ahora, como en el poker, me tiro el farol, si fuera el mus, echaría un órdago. Ahí va, 20 de los grandes a que es un trío y gano la mano. Sólo Cronenberg puede llevar a la pantalla esta novela y sólo Coleman puede dotarla de unas "melodías free". Quien diga lo contrario, o bien no es viejo, o bien no es diablo.
Ya que estamos con la química, podríamos entablar un debate sobre la afinidad electrónica de ciertos elementos y el condicionamiento que ésta ejerce sobre la formación de compuestos químicos. Los mismos humanos, un cúmulo de estructuras bioquímicas, también estamos condicionados, de manera no tan obvia a simple vista, por nuestra estructura molecular; somos seres psicosomáticos al fin y al cabo. No obstante, nuestro comportamiento social sí que tiene que ver un tanto con la afinidad, si no electrónica, sí empática, y presentamos tendencia a juntarnos con aquellos que tienen modos parecidos de ver la vida o que dan respuestas similares ante unos mismos estímulos. Más bien sea que la gente se rodea de aquellas personas a las que les mueve el alma principios semejantes. Recurriendo de nuevo al refranero observamos que "Dios los cría y ellos se juntan".
Hace un par de años, quizá más, se publicó la más grande discografía de jazz. Se editó en gruesos tomos y, aprovechando la tecnología, en un DVD. Un compendio de algo más de un millón de grabaciones. En lo que atañe a documentos gráficos las cifras no son tan desorbitantes aunque sean igualmente descomunales. Del puñado de películas que "swingean" al ritmo del chaston y que he visto, algunas me convencen más, otras en absoluto. Por ejemplo, Mo Better Blues de Spike Lee me dejó frío y sin embargo 'Round Midnight de Bertrand Tavernier me resultó simplemente conmovedora. Ese éxodo ficcionado de Dexter Gordon en Copenague se plasma de manera magistral en la película. Poco después vería Bird, de Eastwood, una biografía fácil del gran genio del Bop, Charlie Parker. Digo fácil porque se centra casi exclusivamente en la deblacle del músico ocasionada por el consumo de drogas, dejando bastante de lado su dimensión artístico-musical. Una especie de Diario de Patricia mejor hecho, pero poco más. Hay una que aún no he visto, ni lo haré, y eso que me gusta Louis Malle a rabiar, Ascenseur pour l'échafaud. No la veré porque leí en una biografía sobre Miles Davis cómo el director le dejó encerrado viendo diferentes escenas mientras el trompetista improvisaba la música que serviría de banda sonora a la película. Es un disco éste que he oído tantas veces, que me ha inspirado tantas imágenes, que ya me he montado yo mi propia película en la cabeza y si veo la original contaminaré unas imágenes con otras. De algo estoy seguro, aun no habiendo visto la película, y es que la música de Miles encaja a la perfección con las imágenes de Malle y viceversa. Ya saben, "dios los cría y ellos se juntan".

¿Y por qué trío de ases?. Nada, otra ejemplificación aclaratoria del refrán protagonista de esta entrada. El as de picas: la novela de Burroughs, Naked Lunch. El as de diamantes: David Cronenberg, director de la película homónima. El as de tréboles: Ornette Coleman, creador de la banda sonora junto a Howard Shore. Ahora, como en el poker, me tiro el farol, si fuera el mus, echaría un órdago. Ahí va, 20 de los grandes a que es un trío y gano la mano. Sólo Cronenberg puede llevar a la pantalla esta novela y sólo Coleman puede dotarla de unas "melodías free". Quien diga lo contrario, o bien no es viejo, o bien no es diablo.


