Wednesday, 11 July 2007

ORÍGENES DEL GRINDCORE


Este año llegó a mis manos (en forma de regalo de cumpleaños de un buen amigo) un libro de Nikolaus Harnoncourt: "La música como discurso sonoro. Hacia una nueva compresión de la música". El libro es una colección de ensayos de, para mí, la voz más autorizada de la interpretación musical histórica. Nos ayudan a reflexionar, entre otras cosas, en favor de una mejor comprensión de la música antigua, especialmente la barroca.
En el mundillo de la "clásica" siempre ha habido mucho fantoche, mucho mal purista que da validez a una u otra obra según la orquesta que la interpreta o el director que la dirige. Hasta la fecha había hecho caso omiso de la mayoría de estas observaciones.
El hecho de leer este libro ha sido determinante a la hora de constatar ciertas realidades y aventurar algunas suposiciones algo más sui géneris.
Al leer las primeras diez páginas metí en el coche el Requiem de Mozart dirigido, como no, por Nicolás. Fue el complemento ideal para empezar bien la semana docente. Todavía mejor para terminarla después de un viernes a última hora.
El archioído Requiem cobra especial fuerza o, mejor dicho, especial significación en manos de este director. Parece ser que determinados directores sacan la enjundia a ciertas obras ya que tienen en cuenta toda la circustancia histórica a la hora de interpretar.
Durante dos semanas volví a sumergirme de lleno en la polifonía, en la Ars Nova. Reescuché a Orlando di Lasso, a Tomás Luis de Victoria, a Philippe de Vitry. Cuando creí haberme empapado bastante seguí con Bach, Vivaldi, Corelli, Monteverdi, Marcello, por citar unos cuantos....
Observo que actualmente somos bastante noveleros. Recuerdo que con 3 años iba escuchando Pink Floyd en el coche de mi padre camino de la guardería y que un año después me pondrían tarde tras tarde las Cuatro Estaciones de Vivaldi durante la siesta en el parvulario.
Llevaba algunos años sin soportar más de 15 minutos de música barroca y no escuchaba Pink Floyd desde que los vi en concierto, imbuído como estaba por lo "nuevo";desde la música serial y atonal (Stockhausen, Varese, Xenakis....) hasta el noise de Merzbow, pasando por los experimentos de John Zorn o las investigaciones de Bad Sector, Izoloscope y Brighter Death Now...Estas músicas parecían aplacar mi tedio, insuflarme nuevas ideas.
Curiosamente y no falto de razón, Harnoncourt aboga por el redescubrimiento del legado de la música antigua que, de hecho, es tan fresca e innovadora como la música actual. El error estriba en la mala comprensión que tenemos de la misma.
En realidad muchos de los géneros que catalogamos como nuevos tienen orígenes que se retrotaen hasta 30 años en el tiempo: los 70 fueron un hervidero. En esa década surgieron, entre otros, el rock progresivo, el krautrock y el embrión de la Neue Deutche Welle, además de consolidarse el free jazz. Todos estos géneros han influido y lo siguen haciendo en mucha de la música considerada actual.
Uno de mis géneros preferidos es el grindcore: música brutal y extrema que se originó a principios de los 80 con bandas como Napalm Death. Este género es una evolución más o menos lógica del punk, como lo es el crust. Si alguien no está convencido puede escuchar alguno de los riffs de: "The Code Is Red...Long Live the Code" del disco homónimo de los Napalm.
Hacia la mitad del libro, el autor habla de la evolución dentro de la música barroca y de aportaciones e innovaciones como las que hizo Monteverdi, el inventor del concitato. Básicamente consistía en repetir una nota hasta 16 veces, o dividir una blanca en 16 fusas. Este artificio, criticado duramente por ser considerado no-musical, sirvió a la perfección para crear tensión y expresar emociones en algunos pasajes de los madrigales de Monteverdi.
Volviendo al grindcore, nos topamos con compases enteros plagados de fusas, la misma nota repetida hasta la saciedad, creando el "mismo efecto" expresivo que perseguía Monteverdi: tensión.
La historia, que presenta un claro efecto boomerang, se repite, y el grindcore directamente ha ido a parar injustamente al cajón de lo no-musical.
Si algún purista de los que hablo más arriba lee esto, espero que reflexione un poco antes de planear mi asesinato. No estaría mal que, de paso, se nos quitara a todos un poco la novelería; que "ya está tó inventaó" y si no, por qué prolifera tanto el género "fusión-ñoña"?, por qué en su día hubo tanto músico de glitch y cut & paste?.

Otra de las ideas que subyace en el libro se basa en una cita de Brahms: "Para ser músico hay que dedicar un 50% del tiempo a tocar el piano y el 50% restante a leer". Esta idea se la había escuchado a la persona que me regaló el libro. Se puede ser un intérprete digno, dotado de cierta técnica con perseverancia, voluntad y paciencia. Para ser músico esto no basta. La música, incluso a veces la misma forma de interpretar, es un fiel reflejo de la personalidad. Dudo que alguien con encefalograma plano, sin unas mínimas inquietudes intelectuales, o con falta de sensibilidad pueda hacer algo músicalmente interesante. De hecho, muchos de los grandes genios de todas las artes y disciplinas han sido polifacéticos.

5 comments:

Pussy Galore said...

Hablando de Stockhausen, ha oido usted lo de los helicópteros? Insuperable!

el loco oficial said...

Estimada Pussy, en un comentario que le hice en su post acerca de los documentales musicales (Ramones, Metallica...)le dije que me levantaba por la mañanas oyendo ese cuarteto de cuerda y helicópteros jeje, abogando una vez más por la apología del eclecticismo (pq sé que usted detesta el heavy). Esto de los helicópteros ha sido un poco "tema fetiche" para mí, lo conseguí una madrugada, hace años, en los comienzos de los programas p2p y lo perdí..hace poco que lo volví pillar; aún así gracias por recordármelo ;), hoy me daré una sesión de Stockhausen. Por cierto, por qué se empeña todo el mundo en tratarme de usted? o es una costumbre de la blogosfera? o es que estiman mi edad rayana a los 50?

Cayetana Altovoltaje said...

Ovación en pie. Excelente entrada. Me quedo con muchas ganas de leer el libro, y de apostillar a Brahms: el 25% a tocar, el 25% a leer... y el 50% restante, a vivir. Un músico, como cualquier otro artista, tiene que revelar a los demás ALGO sobre la vida, el mundo... etc. Eso sólo puede hacerse si vives.
Digo eu.

el loco oficial said...

Una apostilla realmente acertada caye. Debería haber recordado que dejé de leer una larga temporada con el afán de vivir más.

jorge said...

El 99% es el puto feeling... stevie ray no sabia leer solfeo, y me cago en el helicoptero que acabo con su vida¡¡¡¡ y el uno por ciento restante vivir, aunque estos porcentajes se pueden intercambiar , bonito blog el suyo